El Amor en la Familia
El Amor en la Familia
Cuando pensamos en Amor, entre las cosas que más fácil se relaciona con
este sentimiento es la familia, como sinónimo de aquello donde se encuentra,
como sitio donde habita por naturaleza o por defecto. Dentro del concepto de
familia se encuentra implícito el amor como nexo, como lo que mantiene unido
esta célula social, y dentro de lo que hemos experimentado como miembros de
nuestras propias familias, de alguna manera está presente, solo que de diversas
maneras, y he aquí, lo hace a cada familia única, su muy particular forma de
amor entre ellos, entre nosotros, casi tan particular como los apellidos.
En una sociedad que se encuentra en un estado decadente, el implantar y
fomentar valores dentro de cada familia, es cada vez más necesario. La
saturación de la rutina diaria con los
trabajos, los estudios, tareas domésticas e individuales de cada miembro del
hogar, hace más difícil una simple comunicación diaria entre cada uno sea una
situación cada vez más escasa; se hace titánica la tarea de reunirlos a la hora
de cenar e intercambiar las experiencias del día a día. Sin embargo, no tiene
que ser tan difícil, si se tiene en cuenta que el amor, como valor, debe
transmitirse principalmente en el hogar; intercambiar muestras de afecto e
interés entre cada miembro, sin olvidar el respeto y la estimulación mutua, es
solo una forma de mantenerlo vivo en cada integrante, lo que traerá como
consecuencia seres más seguros de sí mismos, que expresarán y fomentarán el
amor en sus relaciones futuras.
Sin embargo, nadie puede decir que este método es infalible. El que una
persona provenga de una familia amorosa y le hayan enseñado valores, no
garantiza que esté exento de un fracaso matrimonial, o de relaciones sociales
problemáticas. Su capacidad de amar, es directamente proporcional con su
desarrollo afectivo a temprana edad y la forma en que lo haya fortalecido en su
crecimiento hasta llegar a la adultez. Es importante considerar que el aspecto
más determinante para un individuo respecto al amor que experimenta en su
familia, es el amor que comience a sentir por sí mismo, y que proyecte en su
vida futura, y consecuentemente sus relaciones sociales.
El amor, como valor, que se funge inicialmente en el seno familiar, le
permite al individuo experimentar la posibilidad de amar y ser amado; incluso
si ha experimentado un ambiente hostil y egoísta en su núcleo familiar, quizás
lo predisponga a ser desconfiado y áspero en su personalidad, más no debe
traducirse en que no pueda abrirse al amor en sus relaciones, y ser realmente
feliz.
Amor conyugal, el inicio de toda familia y el modelo a seguir por los hijos
que crecerán experimentando los valores que vean y aprendan, no todo es amor,
es una mezcla de confianza, de comprensión, de empatía, partes de un todo que
forman el ciclo del amor, ya que no puedes aprender a amar sin confiar, sin
creer y sin conocer a aquellos que quieres; esto es lo que hace una familia,
entre ellos y será lo que proyecten a la sociedad.
Pero definitivamente, no siempre será percibido como amor, es posible que
los hijos no comprendan un NO por respuesta, o se sientan defraudados e incluso
molestos al no ser complacidos en una petición o capricho pasajero, y es que forma parte del
amor que como padres profesan, el disciplinar y guiar, aunque esto signifique
una pelea donde la molestia dure varios días, la comprensión llegará luego, más
temprano que nunca pero llegará, y el amor se fortalezca.
Esto también sucede en toda relación que se fomente, hermanos, amigos; no
siempre será fácil negarnos a complacer a quien amamos, pero el bienestar
superior debe imperar ante una satisfacción pasajera, esto es lo que aprendemos
cuando experimentamos amor, el saber identificar que es lo mejor para esa
persona objeto de nuestro afecto, así como nuestros padres sabían que decir NO significaba
que nos amaban más allá de complacer un capricho y más tarde entendimos el
porque.
La familia, muestra común y palpable del amor como práctica recíproca,
incluso con diferencias, siempre tendrá en común el aprender a quererse a sí
mismo ante todo, en cualquier circunstancia, al aceptarnos tal y como somos y
el recibir amor de nuestros padres de forma incondicional, el aprender a amar a
nuestros semejante comienza en casa, con nuestros hermanos y primos, nuestros
primeros amigos. De cualquier forma, el amor existe allí, en cada familia, que
lo expresa a su manera, tan particular como cada rasgo genético; ninguna
familia es igual, así como cada forma de amarse es diferente.
Es idealista pensar en el amor como la fuerza de todo lo posible, pero si
nos detenemos a pensar por un momento todo lo que se puede lograr, siendo
respetuoso, empático y considerado con cada miembro de nuestra familia para
empezar, el confiar en nuestra familia como sitio seguro donde comenzar a
proyectar y estimular a cada persona que conocemos a querer primero y juzgar
después, ser inteligentemente afectivo antes de viscerales en nuestra
interacción diaria con cada semejante;
es una fórmula magistral de éxito que garantiza más experiencias
gratificantes que decepciones, porque siempre las habrán, porque las relaciones
humanas no son infalibles, pero el asumir lo positivo y descartar lo negativo,
forma parte del haber crecido con amor, es lo que nos separa de los animales en
primer lugar, el sentir amor y expresarlo, primero en nuestra familia y luego a
aquellos que formarán parte de nuestra vida.
El amor es posible, definitivamente posible. No es perfecto, no es
infalible, pero es una constante en nuestra fórmula de vida, no es prescindible
ni somos inmunes a sentirlo y experimentarlo, es irresistible y muchas veces
irreconocible, pero está allí, desde que nacemos y alguien nos sonrió por
primera vez, cuando nuestra madre se desveló por primera vez y nuestro perro
nos esperó contento al llegar a casa. El amor es por demás, la fuente
inagotable de vida y lo más inteligente que podemos hacer es no resistirnos.









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